
El voto con el que el Parlamento europeo ha aprobado la norma sobre las repatriaciones es una vergüenza, una violación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y una traición de los mejores momentos de la historia europea, basados sobre los ideales de democracia y de tutela de los derechos de cada persona
Encerrar por un máximo de año y medio a personas que no han cometido ningún crimen pero que, sencillamente, no tienen el permiso de residencia, significa encarcelarlas no por aquello que han hecho, sino por lo que son: estó es una atrocidad jurídica y moral que nos hace volver a los tiempos oscuros del nazismo, cuando judíos, opositores, homosexuales y gitanos terminaban en los campo de concentración sencillamente por lo que eran. Y permitir la repatriación forzada hacia países diferentes del de origen significa condenar a millares de personas a desaparecer en los campos de concentración del desierto libio.
Europa contesta con estas medidas vergonzosas a quien huye de la miseria, del hambre y de las guerras; es muy grave que muchos europarlamentarios que se dicen de izquierda se hayan abstenido, demostrando una vileza y una hipocrisia que los hace indignos de representar las esperanzas de quién los ha elegido. En este punto nada los distingue ya de los peores racistas.
Invito a todos los que se sienten ofendidos, preocupados y indignados por esta ofensiva racista a unirse para contestar juntos a este triunfo de la brutalidad y la discriminación, para cambiar la trágica dirección autoritaria y violenta emprendida por los gobiernos de Europa, que se olvidan del pasado.
Giorgio Schultze, Portavoz europeo del Nuevo Humanismo
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